|
¿Cómo es el amor, con el que nos ama el Señor?
Cuando nos preguntamos esto,
quizá venga a nuestra mente la famosa cita de Juan 3:16
“Porque de tal manera amo Dios al mundo que ha dado
a su hijo unigénito para que todo aquel que cree en él no se pierda,
mas tenga vida eterna”.
¿Qué clase de amor es éste? esa entrega total, completamente arrojada y vulnerable, también podemos verlo en la parábola del hijo prodigo, cuando el padre ve a su hijo que vuele a casa y entonces corre a encontrarse con su hijo. Hasta donde sé, esto no era muy bien visto en esa época, el hecho de que un hombre corriera así no era apropiado, pero a este amoroso padre eso no le importó, el salió corriendo tan fuerte como pudo a encontrarse con su hijo, que estaba muerto pero ahora vivía de nuevo.
El amor de Dios es bastante extraño; básicamente, consiste en entregarse completamente a nosotros con toda su pasión y su fuerza, para entonces esperar nuestra respuesta. Unos ignoran ese amor, otros lo menosprecian, algunos otros se burlan y unos cuantos responden a ese amor entregándose también a Cristo para amarle de la misma forma. El amor de Jesucristo, todo lo da, todo lo sufre, todo lo espera, todo lo cree y su amor nunca deja de ser; ¡esto es como lo máximo!!! (Sobre todo considerando que él es Dios soberano y nosotros, polvo).
El amor de nuestro Padre rebasa todo entender humano y como si esto no fuese ya bastante complicado y grandioso: Jesús nos deja un mandamiento, en el cual nos pide algo todavía más difícil de comprender, que nos amenos los unos a los otros como él nos ha amado. Aquí es cuando algunos pensamos “Dios, yo he respondido a tu amor y quiero amarte tanto como tú me amas y siendo tú todo bondad y justicia me doy cuenta que mi amor por ti es inmaduro, ¿Cómo por todos los cielos? Voy a amar a mis hermanos como tú nos amas”.
Esto a la verdad es imposible humanamente hablando, pero no se asuste, nuestro Padre Celestial es justo, por lo cual Él mismo nos ha habilitado para poder cumplir su voluntad “Porque no nos ha dado espíritu de cobardía sino de Poder, de Amor y de dominio propio” Es decir, Dios nos dio Espíritu de Amor para poder cumplir con su mandamiento. Lo que nosotros debemos hacer se dice fácil pero cuesta la vida, simplemente debemos menguar para que Cristo sea en nosotros. A la medida en que Jesús es formado en nosotros el amar a los demás se vuelve bastante natural.
En 2008, viajé a la ciudad de Redding California a un congreso precioso en Bethel Church, en nuestra iglesia deseábamos que un equipo de misiones de allá viniera a nuestra ciudad, por lo cual mi esposo y yo nos entrevistamos con los líderes de misiones de aquella iglesia, mientras conversábamos, ellos interrumpieron para decirme que Dios quería tocar mi corazón en ese momento (¿mencioné que la entrevista se llevaba a cabo en un restaurant, con mucha gente?) cuando dijeron esto pensé “¿¿aquí??” entonces la pastora me dijo algo que no voy a olvidar, dijo: “Tú no me conoces, esta es la primera vez que me ves y es normal que desconfíes, pero tú si conoces el Espíritu que está en mi, confía en Él y no te preocupes por la gente”. Después de semejante argumento, cerré mis ojos y permití que el Señor hiciera su voluntad, fue un momento bellísimo, sentí el abrazo de mi Padre celestial con tremenda ternura y aceptación, que no se puede explicar, sólo vivir.
Estos pastores y amigos aceptaron venir a mi ciudad; a mi esposo y a mí, nos dejaron la tarea de preparar la venida de los misioneros, y yo estaba tan contenta, sentía ansia de que pasaran los días para que ya llegaran y cuando me ponía a pensar que sólo venían por unos días sentía tristeza. Era bastante irracional sentir tanto amor por alguien a quien solo se vio una vez, por lo cual le pregunté a Dios ¿Padre, qué pasa, por qué es que los quiero tanto? A lo que Él respondió: Tú amas al Espíritu que está en ellos.
Y cual era ese espíritu sino Dios mismo, cuando en tu corazón logras comprender que dentro de tu hermano, mora el Espíritu de Dios, amarlo se vuelve sencillo y natural. Servir a nuestros hermanos ya no es gravoso porque sabemos que al hacerlo a quien realmente estamos sirviendo es a nuestro Dios. Por eso dice la palabra en Efesios 3:17-20
Para que habite Cristo por la fe en nuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis capaces de comprender con todos los santos cual sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento. Para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros.
Dios nos pide que nos amemos los unos a los otros, porque así le conocemos y nos acercamos más a Él. 1 Juan 4:7-8
Amados, amémonos uno a otros: porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, El que no ama no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.
1 Juan 4:13
En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.
1 Juan 4: 16
Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios y Dios en él.
El Espíritu de Dios está en medio de nosotros y aunque nuestro amor por el Señor sea maduro o inmaduro, éste ha de manifestarse en medio de su pueblo, pues si no es así: no le amamos a Él, realmente. 1 Juan 4: 20-21
Si alguno dice: yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto; ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de Dios. El que ama a Dios, ame también a su hermano.
Verdaderamente libres
La verdad es que este amor con el que nos ama el Señor es de temer ¿Por qué? Porque te hace vulnerable, ahí estas tu con tu corazón abierto a tu hermano, en quien mora el Espíritu de Dios, pero el carácter de Cristo no ha sido formando en él completamente, por lo cual se encuentra en posición de caer y lastimarte en cualquier momento.
El miedo a ser lastimado se vuelve una amenaza latente, también podemos sentir miedo a que se burlen de nosotros, por eso envolvemos nuestro corazón en una coraza para evitar que alguien nos haga daño, por lo cual responder al mandato de Dios de amar de esta manera tan incondicional, humanamente no es una buena idea.
Sin embargo en nuestros corazones vive el Espíritu de Dios, que es también Espíritu de Amor, deseando hacer lo que sabe hacer, esto es amar. Nuestro Espíritu clama por la necesidad de amar con todas nuestras fuerzas. Si nos rehusamos a amar de esta forma, entonces hacemos prisionero a nuestro espíritu. Solo amando de esta manera seremos verdaderamente libres.
Amar sin temor a ser herido.
Ya hemos establecido que nuestro espíritu anhela amar a Dios y a nuestros hermanos con todo sus ser (porque Él no ve la diferencia) pero seguimos expuestos a que nuestros hermanos nos lastimen, este riesgo no puede ser eliminado, pero si el sufrimiento ¿Cómo es esto? Sí yo sé en mi corazón, que el Espíritu de Dios está en mi y comprendo que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada podrá separarme del amor de Cristo (Rom. 8:38-39) entonces mi necesidad de ser amado esta completa en Jesús.
Si mi hermano cae habrá en mi corazón dolor por él y no por mí. Y el Espíritu de Amor que opera a través de mí el cual es sufrido, benigno y no es jactancioso ni se envanece, no busca lo suyo, no se irrita y todo lo soporta (1 Co. 13:4-5). Buscará soportar y apoyar a mi hermano para sanarle y corregirle, a fin que el propósito de Dios sea cumplido en él. Y al mismo tiempo, será cumplido en nosotros. Amén.
Grisel Barba Durán |