Home Prédicas Predicaciones Confiemos en Dios
Confiemos en Dios PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Domingo, 03 de Enero de 2010 19:32

alt

Si nos fuera obligado apuntar hacia alguna cosa común a todos nosotros en nuestros días, tendríamos que decir: Preocupaciones

Adaptado del mensaje pastoral “Vivir sin Preocupaciones”
Ministerios Internacionales “El Camino del Rey”, Chihuahua, Méx.
 
 
 
Si nos fuera obligado apuntar hacia alguna cosa común en nuestros días a todos nosotros, tendríamos que decir: Preocupaciones. Oiga, la crisis mundial que nos golpeó el año pasado, pareciera tornarse: nacional. Pues, ahí tiene usted que los “que saben” nos dicen que si bien la crisis financiera va de salida para el mundo entero: ¡para México, apenas comienza! Entérese, usted. Un ambiente enrarecido de incertidumbre se respira a la entrada de este 2010.  Por otra parte, la inseguridad ha ido en aumento o por lo menos, in crescendo (por evitar decir, que se ha instalado en nuestras calles) Colonias enteras buscan contratar elementos de vigilancia, cerrar los accesos principales con una caseta y barreras de entrada; automatización de barandales a cocheras, para evitar bajarse en medio de la oscuridad, a expensas de ser asaltado (por lo menos) Precauciones, nunca faltan. Dicen por ahí.
 
            No; y, si le platicáramos. Porque no está usted para saberlo ni nosotros para decirlo, pero ahí tiene a la Influenza. Las muertes por esta causa siguen contando e incrementando. Estornude usted, más de una vez y diga lo que quiera, si los demás no voltean a verlo con cara de sospechosismo (concepto recién introducido en nuestro vocabulario mexicano) y se hacen a un lado. Medidas preventivas. Cúbrase con el antebrazo al estornudar. Ajá. En fin. 
 
            Lo cierto, es que vivimos preocupados: por la economía familiar, por la inseguridad pública; por la enfermedad. Pero, espere. Espérenos tantito.  Tal vez a usted no le afectan los problemas sociales. No. Si yo le contara, pudiera decirnos. La hipoteca vence en tres días y no tengo para pagar. No sé cómo voy a llegar a final de mes. No tengo nada en la alacena ni qué dar a mis hijos para comer. Me llaman para decir que van a matarme a mi y a mis hijos, porque denunciamos a las autoridades un asesinato, gente armada (cosa que no es cierta) y tengo miedo de contestar el teléfono: vivo atormentado. No saludo a nadie de beso ni de mano, tengo en casa cuántos remedios y medicinas me son posibles contra el resfrío siquiera, lavo, limpio y no encuentro paz.
 
            Preocupaciones. En el libro de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 6, leemos que el apóstol Pablo indica: no se preocupen o afanen por nada. ¿Cómo es eso? Vivimos preocupados. Es, hasta una forma o un estilo de vida. O ¿no? Aquella persona que vive sin preocupaciones, nos parece extraña. Displicente, tal vez. Oiga, si nada le preocupa ¡¡¿Qué le motiva?!! Pero, en fin. Tal vez esa persona entendió algo. Algo que usted y nosotros, debiéramos saber también. Dos cosas, por lo menos.
 
            La primera es que la preocupación es irrelevante y además, es: irreverente.      Vamos por partes. Irrelevante, porque si alguien que nos escucha y por favor, préstenos su fina atención. Si alguien que nos escucha por preocuparse pudo añadir una hora más a su vida, que nos dé su testimonio. Porque quizás, fue que se quedó despierto más que de costumbre y la idea llegó, pero que de eso a que tenga una hora más de vida: ni hablar. O quien, puede añadir unos centímetros más a su estatura, sólo por preocuparse por ello. Nadie. A menos que lo haga quirúrgicamente. Ya sé. Con mucha lana y dinero, así como dolor en el proceso. Irrelevante, porque según estudios psicológicos y hasta psiquiátricos: 45 % de sus preocupaciones, están en su mente e imaginación: nunca llegan a realizarse ni tuvo cáncer ni le quitaron la casa o el carro ni los malandros, lo asaltaron o mataron. Otro 30%, depende de otros: usted no tiene ingerencia alguna ni puede hacer nada para cambiar el curso del resultado final: sus familiares no quieren nada con Jesús, usted les habló, ellos toman la decisión. Punto. El 15 a 20% más, tiene que ver con aquello que los demás esperan de usted: es lo que ellos dicen y usted, quiéralo o no, tampoco puede influir en sus expectativas.   Moneditas de oro, también. De esta manera, sólo el 5% de todo lo que te preocupa y no te deja dormir, permite un ámbito de influencia de parte tuya. Dijimos, un ámbito de influencia. Entre muchos otros, que hay. Recuerda: tú, no eres Dios. Recuérdalo, siempre.
 
            .Otra vez. La preocupación es irrelevante, porque no logras nada con ella y sólo te afecta: gastritis, colitis: úlcera. Entre las mejores. Las peores se destacan: alcoholismo, drogas, anfetaminas… ¿quieres más? Nosotros, no. Aunque tampoco decimos que no te esfuerces ni que dejes de trabajar y llevar el sustento a casa, Porque una cosa es esforzarse y ser valiente, y otra muy distinta a ser displicente o dejarse llevar. Ajá. No sea que llegues hoy a casa y digas que en TiempodeMilagros escuchaste acerca de no preocuparse y por ello no estudias o trabajas o te esfuerzas, más. No. Te hablamos de vivir sin preocupaciones, nada más. Porque el hecho de que te preocupes, te frena y detiene. Oiga, quien después de una noche de mal dormir y vela enferma, ¿puede tomar decisiones acertadas? Nadie. Te levantas cansado y enojado. ¿Quién funciona bien, así? Nosotros, no. ¿Alguien, sí? Que nos llame, para registrarlo. Digo, pues. Perdón.
 
Irreverentes, dijimos que preocuparse es irreverente: también.  Porque si algo te preocupa, es porque no crees que Dios pueda intervenir a tu favor. Y la falta de fe, es una afrenta para Dios. Hombres, de poca fe. Mateo 6: 25-34, dice que no nos afanemos ni preocupemos por nada.   Cuando hacemos evidente nuestra poca fe: con temor, duda o razonamiento: ofendemos a Dios. Porque Él. es el dueño del oro y de la plata. Porque Dios dijo que su Ángel acampará alrededor de los que le aman y obedecen.   Y además, que no tendrás temor de plaga ni peste ni del terror nocturno.   ¡Vaya! Con cuánta razón Pablo, le dice a los Filipenses, perseguidos y atemorizados, no se preocupen por nada. Ni economía ni seguridad ni salud. Porque Dios es Soberano. Él gobierna y reina. Punto. Dios gobierna y reina.  Punto.
 
Por lo que si es nuestro deseo vivir sin preocupaciones, bien haríamos al atender el consejo bíblico de Filipenses 4:6 y 7. Hay dos cosas que nosotros debemos hacer para vivir sin preocupaciones. La primera es orar: presentar nuestras peticiones al Trono de Gracia, con toda oración y ruego. El rey David, entendía este principio “Alzaré mis ojos a los montes ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor Dios, creador de los cielos y la tierra”  Salmo 121:1. Porque cuando te preocupas estás viendo lo terrenal y es en lo celestial, en lo divino, que encontramos solución. ¿Paz? Sólo en Cristo Jesús. Una vez que haz orado, una vez que le presentas al Señor Dios tu situación, ese problema que sientes que te rebasa, ese gigante que se levantó para gritar por 40 días contra tu fe. 
 
De nuevo, el buen David –ahora, de pastorcillo- escuchó al gigante filisteo blasfemar contra los escuadrones de Señor, Dios de Israel. Un gigante de casi tres metros de altura contra un pastorcillo y vea, que el Rey quiso que se pusiera su armadura: la armadura real, pero David se iba de lado, no estaba acostumbrado a usar eso. Entonces, David recordó que Dios lo había librado del león y del oso. Memoriales; recuerdos. Dicen que no debemos vivir de glorias pasadas, pero sí hemos de traer al presente victorias pasadas. Porque si Dios te libró entonces, te librará de nuevo. Porque Dios no cambia, Él no tiene sombra de variación. Dios no juega a los dados, Él tiene todo bajo control. Así que, te decíamos, ya que oraste: alaba a Dios. Dale gracias a Dios. Sé agradecido con Él. Porque si oras y sigues preocupado, entonces no estás ejercitando tu fe y se convierte, sólo en acto de disciplina en el mejor de los casos y en el peor, en religiosidad. Expresar tu gratitud a Dios, es fe en acción. Le das gracias, porque Él te ha escuchado. “Gracias, te doy Padre –dijo Jesús, ante la tumba de su amigo Lázaro- porque sé, que siempre me escuchas”.  Claro, dirás: siempre lo escuchaba, era su Hijo. Ajá. Y ¿tú, que eres? Hijo, también. Dios siempre te escucha. Su oído está atento al clamor de los justos. Él inclina su oído. Él te escucha. Agradece. “Y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que hayamos hecho” 1 Jn 5:15 ¿Ves, por que te decimos que expreses a Dios nuestro Señor, tu gratitud?
 
Además, esto está bueno –dijo alguien- pero, se pone mejor. ¿Sabes que hará Dios, entonces? Te dará su paz, esa paz que sobrepasa todo entendimiento humano: guardará tu corazón y tus pensamientos. Filipenses 4:7. Libre de preocupaciones. ¿Qué tal? Confiado como un león. “Tu guardarás en completa paz, a aquel cuyo pensamiento en ti persevera”; “Mi paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da, Yo os la doy”; Paz, tan necesaria en nuestros días. Paz en tu hogar, en tu trabajo, en tu colonia, en tu ciudad. Paz. La paz de Dios que te hace vivir confiado, porque sabes que sabes, que sabes que Dios sigue sentado en su Santo Trono. Que Él, sigue siendo Soberano. Que todas las cosas están bajo su control, hasta tú. Dios está en control de todas las cosas: “Mía es la Tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan” Salmo 24:1. No lo decimos nosotros, esta escrito. Porque Él lo dijo, y Él lo hará. 
 
  Paz.   Si perdemos la paz, se voltea nuestro mundo y se pone de cabeza. “No quites de mí tu santo espíritu”, clamó el rey David en agonía de arrepentimiento delante del Señor, después de pecar con Betsabé y hacer que le quitaran la vida al marido. David sabía el altísimo valor que significa la Presencia de Dios en la vida del hombre y de la mujer. Porque en su Luz, vemos la luz. Si su Santo Espíritu no estuviera con nosotros y en nosotros, como hijos de Dios que somos: ya estaríamos en la casa de la risa, tal vez. ¡“No quites de mí, tu santo espíritu”! ¿Qué harás la próxima vez que –ni es profecía para nadie ni palabra ni nada- la inestabilidad, toque a tu puerta? ¿Qué harás cuando el enemigo se levante contra ti? “Estad quietos y ved la salvación del Señor”, es Moisés hablando al pueblo. Delante de ellos, el mar Rojo y detrás, los carros de Faraón. Y el buen Moisés, ora al Señor por ayuda y Dios le responde: “¿Por qué clamas a mí? Di al pueblo que marche. Y tú, alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar y divídelo…” ¡Zácatelas! Esa, no se la esperaba Moisés.   Pero ese es tema de otro mensaje. Órale, le dijo que dividiera el mar. A lo que vamos es a estar quietos. Lo cierto, es que no sabemos estar quietos. Porque no hemos aprendido a descansar en el Señor. 
 
Descansar en el Señor, es confiar plenamente en Él. Dios es fiel, y Él cumple sus promesas. Dios respalda su Palabra. Si Él prometió, Él lo hará. Pero como dijimos antes, no sabemos descansar en el Señor. ¿Cómo tan fácil? Decimos. Oye y ¿quién dijo que fuera fácil? Es algo así como seguir avanzando en medio de la ventisca, cuando por encima de ello: escalas hacia la punta de la montaña. Te falta la respiración, tienes que clavar la pica con mayor fuerza para que te sostenga contra las feroces ráfagas de viento. Estás exhausto. No, no te puedes dar el lujo de un calambre. Las piernas apenas responden, pero sigues. Para atrás –dicen- ni para agarrar impulso. No, si no se trata de una tarde de verano tirado panza arriba al sol, esperando la respuesta de Dios. Claro, que no. A ver, como que ya me confundí- podrías decir. “¿Qué no se trata de descansar en que el Señor, lo harà?” Sí. Pero nadie dijo que habíamos de haraganear, hasta que suceda. O qué no dijo también, Dios: “Esfuérzate y sé muy valiente; porque Yo estoy contigo. No te dejaré ni te desampararé” El descansar en el Señor implica esfuerzo y valentía. Nos esforzamos y le creemos al Señor. Como los alpinistas. Somos valientes y declaramos las cosas que no son como si fueran. Ejercitamos la fe. Y Dios nuestro Señor nos guarda en Paz. En su Paz. Esa Paz que sobrepasa todo entendimiento humano. Su Paz guarda nuestro corazón y nuestros pensamientos.     Entonces, viviremos sin preocupaciones. Viviremos, confiados como un león. Confiados en el Dios Todopoderoso que nos ama y tiene para con nosotros pensamientos de bien y no de mal para darnos el fin que esperamos. No para darnos, fin. Para darnos el fin que esperamos.   Digo, no creo que haya alguien que desee terminar sus días en la calle, abandonado por sus hijos. En la miseria y el oprobio. Por Dios, claro que no. Dios tiene cuidado de nosotros. Él tiene cuidado de ti. Dios te cuida, te guarda; te sostiene. Hasta aquí, Dios nos ha ayudado. Podemos decir, Ebenezer. Gracias Dios. Gracias, Señor. Gracias. Amén.
 
 
             
 
 
Banner
Copyright © 2012 Tiempo de Milagros
La información que contiene este sitio es validada por el equipo de administración, nos reservamos el derecho de no mencionar ministerios, el único fin de este portal es dar la Gloria a Dios.
Usted puede contactarnos para cualquier duda o aclaración respecto de la información aquí mostrada
 

Sabias que...

Pide y Él vendrá

"Las personas que ven el poder del Espíritu Santo en sus vidas no son invadidas sino que más bien, su cambio se produjo por una invitación que le hicieron al Espíritu Santo, quien es la persona de Dios (Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo) que está a cargo de lo sobrenatural aquí en el reino de lo terrenal.  Todo lo que usted necesita es pedirle, y ¡Él vendrá!"
Cindy Jacobs
"La vida sobrenatural"
Editorial Casa Creación. 2006.
 

¿Porqué dar testimonio?

Porque las señales, milagros y prodigios, hacen que las personas den Gloria a Dios (Mateo 9:8)