¿Qué es el amor de Dios para nosotros?
¿Qué es el amor de Dios para nosotros? El versículo que citamos a continuación habla del amor de Dios y cuando entendemos la importancia, el tamaño y magnitud del mismo es cuando veremos cambios en nuestra vida espiritual, porque para tener el amor de Dios, sólo hay que recibirlo.
San Juan 11:5 “Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro” (Versión Reina Valera VRV)
Este versículo menciona los nombres de una familia muy querida para Jesús, siempre que iba a Betania se daba tiempo para pasar a visitarlos. Pero llama la atención que se halla omitido el nombre de María y se refiere a ella como “la hermana” y si así está escrito aquí, no ha de ser por algún olvido.
Recuerde la historia de Marta y María en Lucas 10:38-42 y esta historia ha sido malentendida muchas veces. Se la parafraseamos, aquí.
Un día Marta invita a Jesús a comer a su casa y se afanaba por preparar todo y estaba agradecida por los favores que su familia había recibido de Cristo, en su afán y apuro se queja con Jesús porque María no le ayudaba con los quehaceres, pero Jesús le hace ver que se agrada de la actitud de María.
Y resulta común que se ponga a María –la hermana de Marta- como ejemplo de espiritualidad y consagración y a Marta como la que sólo se afana y no es muy espiritual, que digamos. Pero, lo que nos enseña el versículo de San Juan 11:5 es que Jesús nos ama por igual a TODOS, por eso se denota que no hay preferencia hacia María. El verso dice que amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Igual a los tres.
El amor de Jesús hacia nosotros no esta en función de tu perfecta asistencia a la iglesia, o de tu constante orar, o de cuantas veces has leído la Biblia, eso no hace que Jesús nos ame más que a los demás.
El sacrificio de Jesús es por todos, para salvación de todos, la misma sangre redime todos nuestros pecados. La misma sangre que Jesús derramó por el más grande evangelista de nuestros tiempos, es la misma sangre que derramó por ti, por mí. Por ello, es que el amor de Dios no se puede ganar, solamente se RECIBE. Dios ama a todos por igual, no ama mas a los Pastores o a los líderes, EL ama igual a todos sus hijos.
En el Evangelio de Juan 13:1-2, leemos:
Era el día antes de la fiesta de la Pascua. Jesús sabía que era hora de dejar este mundo y regresar al Padre. Mientras estuvo en el mundo, siempre amó a sus discípulos y los amó hasta el fin.(Nueva Versión Internaciona)
Jesús los amó a todos hasta el fin, este versículo nos enseña que independientemente de nuestra situación Dios nos ama. Dios ama al que esta en santidad como al que está batallando con tentación. Y no quiere decir esto que tenemos permiso para pecar, el amor de Dios no nos da esa facultad, eso es abominación. Debemos estar afirmados en su amor, por lo que es preciso decir que tu pasado no te detenga ni te limite para recibir el amor del Señor, porque es el amor de Dios lo que te hará tener un cambio verdadero y poder llegar a caminar en santidad.
Piensa en esto, en la última cena Jesús acomoda a los 12 discípulos y sienta a Judas a su izquierda, recuerda que Jesús ya sabía que Judas lo iba a entregar, pero aún así le da un lugar preferencial, un lugar que significaba –en el contexto de la cultura judía- que era el mejor de sus amigos, incluso les dice que uno de ellos lo traicionaría y los discípulos quedan desconcertados. Por ello, es que empezaron a preguntarse unos a otros: “¿seré yo? ¿Seré, yo?” Y ¿por qué? Porque Judas, quedaba descartado y la verdad sea dicha: ¿quién traiciona a su mejor amigo?
Jesús había hecho sentar a Judas a su izquierda, con lo cual indicaba que él (Judas) era su mejor amigo. De la misma manera que en nuestra cultura, sentamos o colocamos a la persona más prominente a la derecha, en la cultura judía de esa época, a la persona más importante se la sentaba o colocaba a la izquierda. También podemos encontrar en el libro de Flavio Josefo, un historiador judío, que Jesús decía que Judas era su mejor amigo. De esta manera podemos concluir que Jesús es amigo de todos y que su amor es de todos por igual, sin excepción.
El amor de Dios es igual para todos, es decir, el amor que viene de lo alto llega hacia abajo por igual para todos los hijos. Otra vez, de arriba hacia abajo: el amor de Dios es igual para todos; pero, y ¿qué hay del amor que fluye de abajo hacia arriba? ¿Será igual? No es igual, por eso existen niveles de amor de abajo hacia arriba, hacia Dios.
Pues lo cierto, es que el nivel de amor se da de acuerdo a la relación personal que se tiene con alguien. Así que aquí va la pregunta: ¿quieres saber cual es tu nivel de amor hacia Dios?
En Lucas 7:36-42, vemos una historia donde vemos que Jesús habla del amor que nosotros tenemos para El, ¿La recuerdas? Simón, un fariseo, invitó a Jesús a comer a su casa y estando a la mesa, llegó una mujer y derramó un frasco de perfume en aceite a los pies de Jesús, los lavó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Mira, qué interesante. Jesús notó y le hizo notar a Simón, que éste no le demostró demasiado amor. No le había dado agua para lavarse los pies ni lo saludó de beso al llegar ni le dio aceite para arreglarse el cabello. Al que poco se le perdona, poco ama, concluyó Jesús. ¿Cuánto te ha sido perdonado? ¿Estás consciente de ello? ¿Estás agradecido por ello? ¿Cómo se lo has demostrado al Señor?
Hay 3 niveles de amor, y en los siguientes versículos encontraremos un buen calibrador de nuestro amor para Dios.
NIVEL 1. Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (VRV)
Conocer sus mandamientos a través de su palabra y guardarlos en nuestro corazón, no en la mente, es muy distinto a poseer sólo conocimiento de los mandamientos, porque solamente si los guardamos en nuestro corazón entregado a Cristo: es como podremos cumplir su ley, obedecer la ley del Reino de Dios.
Juan 14:16 “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
14:17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”(VRV)
Estos versículos hablan del beneficio de guardar y obedecer los mandamientos de Jesús: el Espíritu Santo, quien al recibir a Jesús como nuestro Salvador y confesarlo como nuestro Señor, vive en nosotros y con nosotros. Recibimos el Espíritu Santo.
NIVEL 2. Juan 14:21 “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”. (VRV)
Con el Espíritu Santo morando en nosotros, llegamos a tal conocimiento de Dios que hay intimidad con EL, pues hay revelación de los secretos de Dios en la comunión. Dios nos habla a través de la Escritura, nos descubre cosas, es una manifestación del Señor en nuestras vidas. Es cuando nuestros ojos son abiertos a la Verdad que es Cristo Jesús. Cuando recibimos su revelación y su Palabra se hace vida en nosotros.
NIVEL 3. Juan 14:23 “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (VRV)
Dios está con nosotros a donde quiera que vayamos, tenemos su Presencia, la intimidad con Dios se nota, Dios está involucrado en TODO lo que hacemos, EL nos guía en TODO, EL nos redarguye de pecado, en este nivel no es posible que nuestra carne domine sobre nosotros, si caemos, de inmediato Dios nos manda hacer lo necesario para continuar caminando con EL, nos dice qué hacer y cómo tener nuestro oído afinado al Señor, sólo entonces: le escuchamos y obedecemos.
En resumen: del cielo a la tierra, el amor de Dios es igual para todos. Dios nos ama por igual a todos y además, no hace acepción de personas: todos somos amados por Dios. Esta es una verdad liberadora. Sabernos amados de la manera en que Él nos ama: sin condiciones, es y lo repito: liberador.
¿Cuántos de nosotros nos hemos quejado de falta de amor, durante nuestra vida? En la niñez; la incomprensible adolescencia o la juventud. Aun ahora, sentimos que nadie nos ama, que a nadie le importamos. Cuando lo único cierto es que el Dios del Cielo y de la Tierra, no se pierde un solo momento ni un solo detalle de nuestras vidas terrenales. Cada vez que abres tus labios para hablar con Dios en oración, Él está atento a tus palabras. Cada vez que viertes una lágrima por la crueldad de la vida, Él te abraza y te consuela.
Y tal vez, digas: “¿Cuándo fue eso? Yo ni me enteré. Aquella ocasión que tanto le necesité: Dios me dejó solo. Dios me dejó sola”. Lo cierto es que sí estuvo ahí y tan cerca de ti como tu propio aliento. Pero, tú no te enteraste. Quizás clamaste por su ayuda, pero dudaste que Él viniera en tu auxilio. Pensaste: “no soy tan bueno como para que Dios me escuche”. O, ésta otra: “es un castigo de Dios porque soy malo (a), me lo merezco” Déjanos decirte que ni una ni otra cosa son verdaderas. Él te escucha siempre y ¿sabes?: Dios no castiga. Él disciplina y corrige a sus hijos, para acercarnos más a su Presencia. Pero, Dios no castiga a nadie. Discúlpanos, pero has vivido en un error: Dios no castiga a nadie. Él disciplina y corrige; y además, lo hace con amor y misericordia sublime. Porque Dios es amor.
Dios te ama tanto que dio a su Único Hijo, para reconciliarte con Él. Para que entonces, sepas que no estás solo. Que Dios no te deja nunca. Que Él es tu proveedor tu ayudador, tu protector. Tu Padre celestial, quien tiene pensamientos para contigo de paz y no de mal, de bienestar y no de problemas, para que alcances tu sueño, o el fin que esperas. Que conozcas que tienes esperanza y una esperanza viva en Jesucristo, el Señor. Que puedes vivir confiado y confiado como un león, porque el Todopoderoso Dios, creador de los cielos y de la Tierra: está contigo. Es más, que estés consciente de que va contigo a donde quiera que vayas y donde quiera que te encuentres.
Si tú quieres que todo esto sea una realidad en tu vida, entonces escucha la voz del Señor. Apocalipsis 3:20, dice que Él está a la puerta y llama, si alguno escucha su voz y abre la puerta, Él entrará y cenará contigo. Fíjate que maravilloso: dice que él cenará contigo y tú con Él. En una relación maravillosa de compañerismo y de comunión. Cenará contigo. ¿Cuándo cenamos, normalmente? Al final del día, al término de la jornada cotidiana. Como queriendo decir: tu trabajo en solitario, terminó. A partir de ahora, sabrás que voy a tu lado, que Yo te acompaño. Cuando estés en dificultades, Yo te responderé. Iré delante de ti como poderoso gigante. Y no sólo eso sino que te enseñaré cosas grandes y maravillosas que tú no conoces. Las cosas que Yo preparé desde hace mucho para que anduvieras en ellas.
Ven a Jesús y abre la puerta de tu corazón. Entrégale tu vida al Señor. Acéptalo en tu diario vivir. Jesucristo vino a esta tierra para darte vida y vida en abundancia. Escucha hoy su voz y no endurezcas tu corazón. Jesús tiene el poder más que suficiente para salvarte, para sanarte y para darte la libertad que anhelas. Él quiere y puede hacerlo. La pregunta es: ¿quieres, tú? ¿Quieres esa vida en abundancia que Él obtuvo para ti en la Cruz del Calvario? ¿Deseas que tu vida sea transformada; la vida de tu familia, esposo (a) e hijos, sea bendecida? Repite ahora mismo, esta sencilla oración:
“Señor Jesús, hoy he escuchado tu voz. Abro la puerta de mi corazón para que entres y cenes conmigo y yo contigo. No estaré solo nunca más, porque ahora sé que Tú estás conmigo siempre. Jesús, te agradezco el sacrificio perfecto que hiciste por mi en la Cruz del Calvario, que me da salvación y vida eterna. Hoy, te pido perdón por los errores que me hicieron vivir alejado de ti. Tú resucitaste, vives y reinas. Te confieso como mi Salvador y el único Señor de mi vida. Quiero conocerte y amarte siempre por lo que hiciste por mí. Gracias, Señor Jesús. Amén”
Si lo hiciste así, sé bienvenido a la gran familia de Dios. Porque ahora eres un hijo o una hija de Dios. Tu vida no volverá a ser la misma, a partir de este día. Te bendecimos ricamente, en Cristo Jesús.
Adaptado de "La Medida de tu Amor"
Pastor Jaime Cháirez |