Sigue Caminando.
Hay momentos en la vida, cuando la gente se detiene y deja de caminar.
Introducción:
Hay momentos en la vida cuando la gente se detiene y deja de caminar. Ya sea que se rinda, tome un descanso o ya no pueda más. Hay instantes cuando las piernas se niegan a avanzar y el alma se paraliza.
- Un divorcio te puede mutilar las piernas del alma.
- Un fraude te puede golpear las rodillas de tu seguridad financiera.
- Un cáncer puede cortarte las alas de tus sueños.
- Un despido laboral te mutila los pies del futuro.
- La pérdida de un hijo puede ser devastadora.
Sí, yo sé. No es fácil avanzar sin piernas y sin alas. Conozco la lona del ring, también me han contado hasta diez. Sé lo que hablo, también yo al igual que tú, he estado en la tierra de “sin esperanza” y también yo me he formado en la fila del “no hay remedio”, pero ¿sabes una cosa? Regresé. Y ¿sabes cómo le hice? Sencillamente: seguí caminando.
Otro tipo de situaciones, que te detienen:
- Posiblemente tu origen grita “deja de avanzar, no llegarás a ningún lado” o quizás, son los que te conocen de tu lugar de origen, los que gritan diciendo: “no llegarás a ningún lado”, “mejor desiste, no vas a lograr nada”.
- Probablemente sea tu familia y la gente que amas la que te grita mientras te escupe el rostro: “deja de avanzar, no llegarás a ningún lado”.
- Quizás un maestro o una figura de autoridad, te ha sumido en la desesperanza y ha dicho: “conmigo, nunca vas a pasar”.
- Tal vez, sea tu esposo quien a diario te machaca: “no sirves para nada, lo que tengo lo he logrado por mí mismo”
- Y qué me dices de tus hijos, quienes no te agradecen que trabajes, estudies y encima te hagas cargo de las labores del hogar, porque se supone que “es lo que tienes que hacer, para sacarlos adelante sin un esposo que te apoye”
Transición:
Pero hoy hemos venido a traerte una palabra directamente del corazón de Dios para ti: “Sigue caminando, avanza; no te detengas”.
- A pesar de tu situación extrema, de ese divorcio, ese despido, del fraude por el has sido víctima: ¡sigue caminando!.
- A pesar de tu origen, de tus dudas y de todos los obstáculos que enfrentes: ¡sigue caminando! ¡Sigue caminando!
- A pesar de tus fracasos ¡sigue avanzando!
- A pesar de que todos los demonios del infierno se paren frente a ti: ¡no te detengas, sigue caminando!
- A pesar que los ángeles dijesen que no hay lugar en el cielo para ti: ¡avanza! Porque ¡Dios tiene la última palabra!
Quedarse detenido no es opción, nunca lo ha sido. ¡No te detengas! Sumirse en el pozo de la depresión, tampoco es la respuesta. ¡Hay razones para seguir caminando! Repite ahí donde estás: ¡Hay razones, hay razones! Y hoy, conoceremos por lo menos tres razones importantísimas por las cuales nos es necesario: seguir caminando sin detenernos.
Bosquejo:
1.- La primera razón es porque Dios ha preparado un futuro para nosotros, aunque a veces nos pareciera un futuro incierto y hasta sombrío. ¿Sin trabajo, sin esposo, sin mi hijo (a), en la cárcel?
- Algunos han sufrido tanto que están dispuestos a seguir a cualquiera que les brinde algún tipo de alivio: una limpia, una baraja, algún psíquico; aunque después, se sientan igual.
- Sin embargo ¿quién puede seguir sin esperanza? ¿Quién puede seguir caminando cuando no hay luz adelante? - OJO: Platicar el pasaje de Juan 11: 7-16, no leerlo-
- Tomás dudaba de un buen futuro, pero tuvo un acierto: siguió caminando. Sabía que a Jesús, pretendían matarlo en Judea, pero siguió caminando. Vamos también nosotros, para que muramos con él. Era un futuro para nada alagüeño, y hasta con riesgo de muerte: pero, siguió caminando.
- Escucha esto: muchas cosas se compondrían si seguimos trabajando en ellas y no desmayamos, la palabra clave es proskartereo la Biblia lo dice: “pero el que persevere hasta el fin, será salvo” Persevera; sigue caminando.
- Otros más, se mueven de un lugar antes de tiempo, se salen de las familias, dejan sus empleos, abandonan la Iglesia, renuncian a su sueños, etc. Sólo porque hay nubes en su futuro. Si tan sólo continuaran un poco más se darían cuenta que lo único que hacía falta era perseverar. La respuesta estaba a la vuelta de la esquina.
- Tomás dijo: “vamos para que muramos con Él” ¿y qué si no hay respuesta? ¿Seguirías adelante aunque el temor siga creciendo? ¿Continuarás creyendo, cuando tu esposo te abandone? ¿Alabarás a Dios a pesar de que tu hijo deje sus estudios? ¡Sigue caminando!
- Tres jóvenes dijeron ante un horno de fuego: “Nos libre o no nos libre, no adoraremos a otro dios” Señoras y señores, esto se llama: fe. Es pues la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Es la fe que mantiene la sonrisa del mártir en la hoguera, dice Hebreos 11, “Como viendo al invisible, proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros”. Porque Dios siempre tiene algo mejor para nosotros.
- El divorcio que estás atravesando, no va a terminar contigo. El abandono de tu esposo, tampoco es el final de tu vida. Sigue buscando trabajo, vuelve a salir mañana para solicitar empleo. Continúa estudiando, esa materia no te va a ganar, el maestro tiene que aceptar el 100 que te vas a sacar.
- Jesús dijo: El que anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo, pero el que anda de noche, tropieza, porque no hay luz en él” Tropiezo, traduce la palabra griega eskandalón ¿sabes quiénes tropiezan? Los que se escandalizan del porvenir. El problema no es si hay luz o no en el futuro ¡El problema radica en si hay o no hay luz, dentro de ti! Cuando hay luz en ti, siempre andas de día y ves luz, esperanza en el mundo.
- Jesús dijo “yo soy la luz”, cuando no hay luz en ti sólo mirarás un futuro sombrío, pesimista y todo será como de noche. Jesús no iba a la muerte sino a la resurrección. Él andaba de día. Él es la luz. En cierta ocasión dijo a los enviados a Juan el Bautista “bienaventurado el que no halle tropiezo (escándalo) en mí” La gente no se escandaliza por que sucede fuera de sí misma, sólo por la falta de luz interior. Los que andan de noche tropiezan; se escandalizan. Te dicen que no vas a poder, quieren cortarte las alas, desean mutilarte el corazón. Se escandalizan.
2.- La segunda razón por la cual debemos seguir caminando es porque Dios ha dispuesto un Plan para ti: -OJO: comentar el pasaje de Juan 14: 1-6.
- La pregunta que hace Tomás es honesta: “nos hablas muerte y nos dices que te sigamos ¿a dónde quieres que vayamos si no sabemos qué hay más allá?” ¿Cómo podemos seguirte sin direcciones claras?
- Esa pregunta también la hacemos nosotros: “¿Cómo seguir si no sé a dónde voy?” Escucha esto: hay ocasiones cuando seguir caminando requiere hacerlo sin conocer el rumbo y destino.
- No siempre conoces la voluntad de Dios con exactitud, pero aun así sigues caminando. Cuando no sabes a dónde vas: Jesús es el Camino. Cuando no conoces la voluntad de Dios: Jesús es el Camino. Si no sabes si ese trabajo está en la voluntad de Dios para tu vida o no, simplemente trabaja lo más honesto que te sea posible, con integridad, con excelencia y responsabilidad. No sé a dónde voy, pero sigo caminado y Jesús, viene conmigo.
- Nota que Jesús dijo “para que donde yo ESTOY, vosotros también estéis” ¿dónde estaba Jesús? ¿Qué no estaba con los pies en la tierra y de frente a sus discípulos? Entonces, porqué habla en tiempo presente como si estuviera en otro lugar, ofreciendo ¿llevarles hasta allí? Porque no se trata de ir a dónde sino a QUIÉN. Jesús habla como si ya estuviera en el cielo y es que si caminas con Él, ya estás dentro del Reino. El Reino de los Cielos se ha acercado, dijo Jesús. El Reino empieza aquí. No esperes a morirte para vivir en él.
3.- La tercera y última razón por la cual es menester que sigas caminando, es porque Dios ofrece una Esperanza.
- Tomás siguió a Jesús hasta Jerusalén. Estuvo ahí cuando llegó el traidor con los soldados del Templo. Siguió caminando cuando el futuro era incierto y aunque desconocía el plan para su vida. Sin embargo, una cosa es caminar con la esperanza de que las cosas puedan cambiar y otra muy diferente es caminar cuando piensas que ya no hay esperanza.
- Juan 20:24-29, comentar y leer el versículo 25 con énfasis a lo que dijo Tomás.
- Mira que la última noticia que tuvo Tomás fue que Jesús había muerto, al igual que su esperanza ¿Valía la pena seguir caminando? Sintió que Dios lo había defraudado. Entonces, construye un muro, ante sus sueños rotos. Él recogió las piedras de su altar caído y con ellas, levantó un muro. No quiere volver a caminar en la adoración para no volver a sentir el dolor de la desilusión. Este es Tomas.
- Tomás es ese empresario que terminó en la cárcel cuando su socio le defraudó. No está dispuesto a intentarlo de nuevo.
- Tomás es esa mujer adolorida a la que su novio dejó para casarse con su mejor amiga ¿porqué habría de creer en palabras de amor?
- Tomás es ese niño golpeado por su padre alcohólico que decidió nunca más volver a confiar ni abrir su corazón.
- Tú mismo eres Tomás, tus viejas heridas te recuerdan que es doloroso caminar a la ventura. Perdiste la fe para mitigar el dolor, dejaste la esperanza para cerrar tus heridas.
No te culpo, yo también he puesto mis propias corazas y he construido mis propios muros, también he sido Tomás… ¿sabes? El muro no es tan emocionante como el altar, pero al menos, te sientes un poco seguro con él. Sé que has pensado alguna vez “no valía la pena, Dios me defraudó” ¿Te ha pasado? Te santificaste, prometiste cambiar y lo cumpliste, sin embargo el milagro no llegó. Amaste hasta dónde no se podía más y, de todas maneras: terminaste solo, o sola. Oraste y ayunaste y aun así, terminaste mirando el féretro de tu hijo (a) Alguna vez nos hemos identificado con Tomás “no valía la pena, Dios me defraudó”.
- Así se encontraba Tomás cuando en las penumbras de una casa judía débilmente alumbrada por velas, escucha a sus compañeros la loca noticia de que Jesús resucitó. Yo le vi muerto, colgado del madero. Quizás piensa para sí ¿me están pidiendo que vuelva a creer? Pero Tomás no está dispuesto a volver a abrir el corazón tan fácilmente, su muro no cae. Esta vez quiere pruebas, quiere el camino en planos con puntos y detalles. Esta vez no caminará ante un futuro incierto. Tiene demasiado dolor para confiar de nuevo ¿podemos culparlo? Yo no. Conozco ese lugar. Tomás quiere pruebas para seguir caminando “si no viere sus manos la señal de los clavos y metiere mi mano en el lugar de los clavos y mi mano en su costado, NO CREERÉ” Tomás ya no puede volver a ver lo invisible ni tocar lo intocable. Ya no puede seguir caminando a ciegas sólo alentado por una promesa ¡quiere pruebas!
- Hay momentos en la vida cuando necesitas ver y tocar para seguir caminando. Es todo lo contrario a la vida de fe, pero no es el resultado necesariamente de la incredulidad. Pienso que a Tomás no se le ha hecho justicia, se usa su nombre como sinónimo de la incredulidad, al igual que Judas es un nombre que muchas madres no querrían poner a alguno de sus hijos. Además, se le acompaña con el mote: “ver para creer”, pero Tomás no es incrédulo por necedad. Está herido detrás del muro. Ha seguido a Jesús hasta la muerte sólo por una Palabra y ha visto su fe y su esperanza estrellarse contra la cruz romana que mató a Jesús. ¡No es un incrédulo! Es el alma de uno que no recibió su milagro. Tomás es la figura de todos aquellos que creyeron sin recibir lo prometido y que luego se les pidió seguir creyendo.
- Si fuera un incrédulo, por incredulidad sola, el Señor no le hubiera contestado su petición. Pero una semana después, Jesús mismo vino a enseñarle las marcas de los clavos y a exponerle su costado, vino a traerle una nueva Esperanza. Dile a la madre que vio morir a su hijo de leucemia que crea en la sanidad cuando su otro hijo se enferme. Dile al preso en la cárcel que vuelva a creer cuando se le ha negado la libertad bajo fianza por vigésima vez. ¡PRUEBAS! Necesitan manos agujeradas y costados heridos.
Conclusión:
¡Ah! Pero entonces, viene Jesús. Sólo Él puede pasar los muros de dolor que levantamos
- ¿Por qué se presentó Jesús en medio de ellos, estando las puertas cerradas? ¿Fue sólo para presentar sus heridas a Tomás? O acaso, fue para que Tomás y nosotros supiéramos que el muro que había levantado no podría detener al Maestro.
- Ése, damas y caballeros, es el milagro de la Resurrección. No sólo que el muerto pueda volver a vivir sino que el que ha perdido la fe y la esperanza, la recobre y vuelva a creer. ¿Acaso Tomás metió sus dedos en las heridas de Cristo? ¡No! Él sólo pudo tirarse a sus pies y declarar: “Señor mío y Dios mío”. En otras palabras, súbitamente y de golpe, tomó todas las piedras del muro que había levantado y edificó de nuevo su altar de adoración al Señor.
- También, pensamos que Jesús regañó a Tomás por su incredulidad, cuando le dijo: “porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron”. Pero este día, entendamos el corazón del Maestro al decirle: “Tomás, te permití ver: para que recuperes la fe, porque tú sabes lo bienaventurado (feliz, feliz, feliz; tres veces: feliz) que eras cuando creías sin ver”.
- ¿Cómo termina la historia de Tomás? Igual que terminará la tuya. Vayamos al capítulo 21 del Evangelio de Juan y veamos ahora a Tomás junto con otros discípulos pescando una asombrosa y milagrosa pesca por la Palabra de Jesús: CREYENDO nuevamente, para después descender a tierra y ver brasas puestas, y terminar comiendo pescado asado con Jesús en la playa.
- Es la esperanza la que te mantiene creyendo y viviendo en comunión con el Rey del universo. Cuando recuperas tu fe, tienes delante de ti la pesca milagrosa y la bendición de recibir el milagro que esperas.
- Por cierto, el altar de Tomás quedó tan bien restaurado que lo miramos en el Aposento Alto junto con los demás discípulos, esperando el cumplimiento de la promesa del Padre de ser llenos del Espíritu Santo.
- Por ello, te invito: Sigue caminando, no te detengas por nada. Aquel que se detiene, empieza a ir hacia atrás: los demás, lo van a rebasar. Sigue caminando, en el Nombre de Jesús.
|