Home Palabra de Fe Decisión y Destino Orgullosos del Evangelio
Orgullosos del Evangelio PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Viernes, 10 de Julio de 2009 12:29

alt
Dios no se avergüenza de llamarse: Dios de nosotros.
Adaptado de "No me avergüenzo del Evangelio".  Ministerios Cash Luna. Guatemala.
                   

Dios no se avergüenza de llamarse: Dios de nosotros, quienes hemos confiado en Él. Mientras el pueblo de Israel estaba en el desierto pasando por pruebas, Él nunca se avergonzó de decir: "Este es mi pueblo". En Hebreos 2:11, dice que Jesús no se avergüenza de llamarnos sus hermanos; y debes tener, bastante clara esta doctrina: ninguno de nosotros era hermano de Jesús hasta que él murió por nosotros; ninguno era hijo de Dios, éramos criaturas de Dios, nos hicimos hijos de Dios al nacer de nuevo. De hecho, el pueblo de Israel tenía un problema contra el mismo Jesús que se llamaba a él mismo, Hijo de Dios. Le preguntaron: "¿Eres tú el hijo de Dios?". Y él dijo: "Ustedes lo han dicho".   El sacerdote se rasgó las vestiduras y dijo: “Blasfemia ha dicho, crucifíquenlo,” y lo crucificaron por decir que era hijo de Dios. Desde antes de Cristo, el mismo pueblo de Dios creía que ellos eran el pueblo, y Dios era Dios; que eran siervos, y él su Señor; nunca creyeron que ellos eran hijos y él su Padre.   Fue por eso que cuando le pidieron a Jesús que les enseñara a orar, lo primero que él dijo fue: “Ustedes van a orar así: Padre Nuestro”. No dijo: "Oren “Señor Dios” de los Ejércitos”. Muchos conocen los nombres de Dios en hebreo, pero ignoran que son hijos de Dios.
 
Dios mío, en ti confío; no sea yo avergonzado. No se alegren de mí mis enemigos” Salmo 25: 2. El pueblo de Dios tiene dignidad. El Señor nos hizo dignos, nos limpió con su sangre. Tú no debes ser orgulloso, pero sí debes tener la dignidad de un hijo de Dios y orar continuamente: “Señor, que no sea yo avergonzado, porque en ti he confiado; por qué habría yo de pasar vergüenza si en tus palabras he confiado". La Palabra dice que Dios restaurará nuestra vida a fin de que su pueblo jamás sea avergonzado. El tiempo de vergüenza pasa y empieza el tiempo del honor. A Dios no le gusta ver a su pueblo avergonzado; no le gusta que sus hijos mendiguen, por eso dice su Palabra: “No he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue el pan”. A Dios no le gusta que pases vergüenzas, que no puedas pagar la renta y que tengas que sacar a tu familia de la casa. Dios quiere que aprendas la Palabra, que confíes en las promesas y no vuelvas a pasar una situación de esas.   Nosotros no seremos avergonzados porque en su Palabra confiamos.
 
 “Guarda mi alma, y líbrame; no sea yo avergonzado, porque en ti confié”. Salmo 25.20. Cuando nosotros confiamos en él y su Palabra, ésta se cumple y la vergüenza se va. La Palabra dice que en tu simiente serán benditas las familias de la tierra, porque no quiere que pasemos vergüenza por la familia tampoco. Tienes que orar y pedirle a Dios que tu marido se mantenga en santidad, que tu mujer se mantenga en santidad, porque no queremos pasar vergüenzas si en Dios estamos confiando.  Sin embargo, cuando estás en tu trabajo, empiezas a confiar en un montón de cosas menos en su santa Palabra. Empiezas a creer en el jefe, para que te dé un aumento o te promueva. En los candidatos, que harán algo por ti para que vivas mejor. En los centros comerciales, que pondrán una barata y será en tu beneficio. Creemos en tantas cosas, y nos olvidamos que Dios es nuestro proveedor. Por ello, te decimos: lee y aprende la Palabra, no vas a salir de la vergüenza sólo por ir a la Iglesia los domingos y cantar coritos, sino que lo harás confiando todos los días y en todo lo que haces en las Promesas de Dios, y cumpliendo todos sus Mandatos.   Porque, nosotros cumplimos sus mandatos y Él cumple sus promesas.
 
Marcos 8:36-38, dice: “Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” Aquí no dice que si quieres ganar el mundo vas a perder tu alma, dice que si ganas algo, poco o mucho, cuides de no perder tu alma por ganar un poco más. ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Otra vez, acá no dice que si quieres ganar el mundo, vas a perder tu alma; dice que si estás ganando algo o mucho, cuides de no perder tu alma por ganar un poco más. Este es el versículo que consuela a mucha gente que no lucha por salir adelante. Dicen: "Para qué ganar el mundo si uno pierde su alma,” y no se han dado cuenta que tienen perdido el mundo y su alma.   Aquí, dice: "¿De qué le aprovecha si pierde el alma?". Pero si confías tu alma al Señor, vas a ganar mucho un día y no por eso, perderás tu alma. Porque lo que sucede con demasiada frecuencia, es que estamos pide y pide por un puesto superior, pero cuando lo obtenemos: ya no tenemos tiempo para Dios. Ajá. Ya no tienes tiempo de orar ni de leer la Palabra, mucho menos de asistir a la Iglesia. Y por ende, pierdes tu alma.
 
El texto, continúa diciendo: “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles”. No nos avergonzaremos ni de Jesús, ni de su Palabra. Lo que se entiende en este contexto es que con tus palabras, puedes ganar el mundo y no perder tu alma. Porque en las palabras que Jesús pronunció, está el poder de preservar el alma, salir adelante y prosperar, pero si te avergüenzas de la Palabra que es la que te puede hacer prosperar, entonces Jesús dice: “yo me avergonzaré de ti delante de Dios y delante de sus ángeles”. Por eso es que vagamos por ahí, entre el “mundo secular”, que de secular nada: somos seres espirituales y todo entonces, es espiritual para nosotros: vagamos, decíamos, como creyentes de la secreta. Nada más tú y Dios, saben que eres creyente. Ya basta.
 
Dice la Palabra que esta generación es “adúltera y pecadora”. Y, a poco: ¿ Tú te vas a avergonzar delante de los adúlteros y pecadores? Ahora, resulta que los que hacen lo bueno se avergüenzan y los que hacen lo malo son unos descarados, beben, se drogan, adulteran y hacen alarde de lo que hacen. Hay personas que hablan de cómo evadir los impuestos. Ese tipo de gente está maldiciendo nuestro país. Hay gente que hace alarde de lo malo que hace; dice la Biblia, que: "A lo malo lo llaman bueno, y a lo bueno llaman malo". La gente siempre protesta contra los que están haciendo lo correcto, pero no protestan contra los que están haciendo lo malo. Nunca hemos visto una pancarta, porque el licor o cigarros suben de precio. Pero cuidado si sube la gasolina, la cuota del colegio, o si al colegio se le ocurre pedir un bono. Protestan por lo que cobra un doctor, un colegio, pero nunca lo hacen por lo que cobran los burdeles, los cines pornográficos, porque a lo malo llaman bueno y a lo bueno llaman malo. El mundo está de cabeza y debemos darle vuelta con la luz de Jesucristo. 
 
Debemos creerle a Dios por una mejor nación. A los cristianos no nos debe dar pena de lo que hacemos y creemos. Jesús dijo: “Si tú te avergüenzas de mí y de mis palabras, el hijo del hombre se avergonzará de ti”.  Dios no se avergüenza de ser nuestro Dios; ni Jesús de ser nuestro hermano, pero lo que sí hace a Jesús avergonzarse de nosotros es que nosotros nos avergoncemos de sus palabras.
 
¿Te avergüenzas de las palabras de Jesús? ¿Te avergüenzas que te dijera que debes honrar padre y madre, de besar la cabeza llena de canas de tus padres? ¿Te avergüenzas de tratar bien a tu mujer; y, tú esposa, te avergüenzas de estar sujeta a tu marido y que él sea el señor de la casa? ¿Nos vamos a avergonzar de las Escrituras?   ¿Te vas a avergonzar de que él dejara dicho que echáramos fuera demonios, que impusiéramos manos para que los enfermos sanaran? ¿Nos vamos a avergonzar o nos vamos a sentir orgullosos?  No nos vamos a avergonzar de nuestro Señor, ni de lo que Él ha dicho. ¿Desde cuándo nos vamos avergonzar de la generosidad, cuando de lo que tenemos que avergonzarnos es de la avaricia? La avaricia es pecado, pero: ser generoso, no lo es. Cuando la gente te ataque, te quiera avergonzar, tu dirás “no seré avergonzado, he confiado en el Señor, no me avergüenzo de creerle a Él".
 
A nosotros no nos da vergüenza creer que Jesús es el hijo de Dios, que nació de una virgen, llamada María. Para muchos es ridículo que haya nacido de una virgen; para nosotros, eso es el Evangelio, no nos avergonzaremos de que Jesucristo haya sanado enfermos, echado fuera demonios, que haya convertido el agua en vino; tampoco, nos me avergüenza creer en nuestro Señor que multiplicó los panes y los peces, caminó sobre el agua, ni decir que él es el pan y la vida, la puerta de las ovejas, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, que murió en la cruz, que resucitó, está vivo y viene pronto. No nos da vergüenza creer en el Espíritu Santo, y ser llenos de Èl aquí, en la calle o en el centro comercial. No nos da vergüenza decir que los paralíticos caminan, que los ciegos ven, que a los pobres les es anunciado el Evangelio. Bajo este ministerio no nos da vergüenza creer en todo esto.
 
Creo que si algo no le gusta a Jesús es alguien que dice que camina con El y no tiene identidad con él.   En el libro de Romanos, el Apóstol Pablo dice: “No me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios para la salvación del alma". No podemos avergonzarnos del evangelio y de sus buenas noticias.   ¿Nos dan vergüenza las historias bíblicas? Jamás me voy a avergonzar de decir que soy creación de Dios y que no soy producto de la evolución del mono.
 
No vamos a avergonzarnos de un Noé haciendo un arca; Moisés que abrió el mar, José que tuvo sueños y que pasó de la cárcel a un trono. No nos vamos a avergonzar de que un copero de un rey, Nehemías, reconstruyera toda una ciudad; de Salomón construyendo un templo, ni de David matando al gigante Goliat; tampoco de Sansón que a pesar de haber pecado con Dalila, derrotó a todos los adoradores de otro dios en su propio templo. No me voy a avergonzar de decir que creo en un Dios Todopoderoso, en su Hijo y en el Espíritu Santo; de que Elías haya sido alimentado por cuervos y una viuda. Parecen historias ridículas, pero así es como se sale adelante, creyendo en lo que ellos creyeron. No me da vergüenza diezmar, ofrendar, porque eso es lo que Jesús mandó, somos una iglesia. Tú no eres miembro de un club, eres miembro del Cuerpo del Señor Jesucristo. No me avergüenzo de los dones del Espíritu Santo, de hablar en lenguas, de la profecía, ni de decir que hay cielo e infierno.
 
Si Dios no se avergüenza de nosotros, ¿por qué nosotros sí, nos avergonzamos de Él? En
2ª. Timoteo 1:7, leemos: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.   Dios dio un espíritu de poder y nos quitó el de cobardía para lo que sigue: Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor. Pablo estaba en la cárcel, lo habían metido allí injustamente y a algunos cristianos les daba vergüenza decir que Pablo era su apóstol y él escribe: Dios no te dio espíritu de cobardía: por lo tanto, no te avergüences ni de mi Señor, ni de mí preso suyo.
 
A nosotros no nos da vergüenza creer en un Elías, Abraham, Eliseo, Adán y Eva, no me da vergüenza creer en Jesús, ni creer en Pablo, Pedro, Juan. Jamás te avergüences del Señor, del evangelio ni de tu pastor. La iglesia del Señor tiene que tomar otra actitud en todo el mundo, no le tiene que dar vergüenza lo que cree, ni en quien cree, ni a través de aquellos por los cuales cree. Somos creyentes de la Persona de Jesús. Él vive y reina, hoy. Intercede ante el Padre de Gloria, por ti y por mí. Jesús no calla. Nosotros tampoco callamos. Porque creímos, hablamos y damos testimonio de su poder y de su amor. Cristo vive. Nuestra fe es tan cierta como el sillón o la silla en la que estamos sentados. Hay un mundo espiritual que cohabita con el mundo material. Nosotros no somos seres materialistas, somos seres espirituales. Jesús nos ha dado vida espiritual, vida eterna. Somos seres eternos, hijos de Dios, nación santa, pueblo adquirido por Dios. 
 
Dios no se avergüenza de mí; el tiempo de la vergüenza queda atrás, viene el tiempo del honor y yo no me avergonzaré, de mi Señor, ni de sus palabras, ni de sus siervos. No me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios para salvar, para sanar, para liberar al hombre y a la mujer. Es poder de Dios que salva, sana y liberta. Es poder de Dios para que tú vayas y con el Evangelio, salves, sanes y liberes a otros. Es tiempo de milagros, es tiempo de que el Cielo invada la Tierra. No estaremos más avergonzados. Somos hijos de Dios. Participamos de la naturaleza divina, porque al que cree: todo le es posible. Todo. Es tiempo de que te levantes, que te despiertes tú que duermes, y te alumbrará la Luz de Cristo. El tiempo del honor ya llegó. Los creyentes de la Persona de Jesús, somos un pueblo cristiano dignificado por su Sangre preciosa. Nosotros que éramos indignos, ahora fuimos hechos dignos delante del Señor Dios. Fuimos comprados a un alto precio: la vida de Jesucristo, el Señor, el unigénito de Dios. Ése es nuestro valor, nada más y nada menos que la Sangre, la vida de Jesús. Con cuánta razón, Jesús dijo que nosotros valíamos más, que muchos pajarillos. No cae ninguno a tierra, sin que nuestro Padre Celestial lo sepa. Nosotros, dice la Palabra, estamos sentados en los lugares celestiales, tú no te bajes de ahí y tampoco permitas, que alguien te baje. Ése es tu lugar, el lugar que Jesús obtuvo para ti: los lugares celestiales. Tenemos identidad: somos hijos, amigos y no siervos. Qué acaso, no dice también que nos acerquemos confiadamente al Trono de la Gracia para encontrar ayuda. Acércate a Dios y Él se acercará a ti. No más vergüenza. No más tristeza. Dios cambia nuestro lamento en baile y nos cubre con óleo de alegría. Estamos orgullosos del Evangelio, porque es poder de Dios. Poder de Dios. Bendiciones.

 
Banner
Copyright © 2012 Tiempo de Milagros
La información que contiene este sitio es validada por el equipo de administración, nos reservamos el derecho de no mencionar ministerios, el único fin de este portal es dar la Gloria a Dios.
Usted puede contactarnos para cualquier duda o aclaración respecto de la información aquí mostrada
 

Sabias que...

Cuando no sanan instantáneamente
“Cuando una persona no es sana instantáneamente, no es porque Dios no haya querido sanarla, Él siempre quiere. Tú no sabes el proceso que de manera interna ha empezado en esa persona.”
Annita Flom
Misión "Sobrenatural". Chihuahua, 2009
Bethel Church. Redding, Calif.
 

Porque dar testimonio?

Te invitamos a dar Gloria a Dios, por el favor o milagro, cual sea que haya hecho en ti vida o de alguna persona cercana a ti.