Dicho sea a la verdad, la mayoría creemos que existe o debiera existir un poder superior al hombre mismo. Y esta creencia va más lejos todavía. El ser humano tiene un deseo intrínseco de vivir eternamente. Muchas culturas –si no es que todas- creen en el más allá. Por ejemplo, los aborígenes australianos veían el cielo como una isla distante a la cual ellos partirían; los aztecas y los incas, creían que cuando morían iban al sol; los egipcios, ponían mapas al lado de los cuerpos embalsamados para guiarlos hacia el futuro. Este deseo de eternidad viene directamente del espíritu del hombre.
Sin embargo, debido a que sabemos que no podemos vivir eternamente, por lo menos aquí en esta Tierra, es decir: físicamente, nos conformamos con lo que se dice: Dejar huella y nos dedicamos a edificar algo que permanezca, después que nosotros partamos. En su caso, nos dedicamos a “sacarle jugo” a esta vida, porque decidimos que es la única que tenemos, aún cuando muy en lo profundo sabemos que cuando muramos, de una u otra manera, iremos a alguna parte y también -de alguna u otra forma- continuaremos ahí. De esto se trata. Este es el grande y enorme misterio. A este punto, es que todos sin excepción: algún día, llegamos.
Pese a todo ello, nos conformamos. Éste es el común denominador. Vivimos como podemos. Nos esforzamos o claudicamos. Alguien dijo que si esta vida era de por sí difícil, entonces, porqué habríamos de preocuparnos por otra vida después de ésta, que nos ocupáramos en sacar adelante y de la mejor manera posible, la vida presente. Bien, no está del todo equivocado. Ciertamente, debemos ocuparnos de la vida presente, porque esta vida: la que usted y yo vivimos en el hoy y en el ahora, determina la otra vida. ¡Ajá!, la vida eterna. Ésa que ambos sabemos, habremos de vivir después de ésta. Entonces, será que de lo que hablamos aquí es de decisión, porque así como las decisiones que hoy tomamos conforman nuestro mañana –sí, en esta vida- lo hacen también, en para esa vida eterna.
Digamos, como ejemplo, que este día usted decide algo, cualquier cosa, digamos sencillamente que decide decirle a su jefe que necesita un aumento de sueldo, esa decisión tiene consecuencias para su futuro. Puede ser que reciba el aumento y éste le permita vivir mejor, o puede que se lo nieguen y tenga que empeñar algo, solicitar un préstamo o lo que sea, para seguir igual o en su caso, pasarla peor de lo que estaba. Otro, más. Sea que entre uno y otro pretendiente, se decida por alguno y le salga fatal: los celos la ahogan, es más que tacaño y cada quien paga lo suyo, le levanta la voz y usted teme que hasta la golpee. Consecuencias. Las decisiones que tomes hoy, determinan tu futuro. Sencillo. Para esto es que vivimos, para tomar decisiones y los ejemplos abundan.
Por ello, es menester que pongamos nuestra mirada en lo que Dios nos ha ofrecido, en lo que Él desea para nosotros: prosperidad y salud. Tienes una bendición y algo por hacer. Dios no te dice que vas a perder algo, sino lo que vas a ganar. La vida eterna es para todo aquel que cree. Si has decidido por Jesús, si decides por Él como quien te llevará a esa otra vida que tú sabes que hay, habrás de vivir también. Si has confesado a Jesús, como tu Salvador personal, entonces: tienes vida eterna; pero, si no lo has hecho así, entiendes que tus decisiones ésas que hoy tomas afectan tu futuro y por ende, tu destino, todo lo que decides hoy tiene que ver con tu vida y además, afecta tu eternidad. Lo que decides hoy, afecta tu vida: toda tu vida, tanto la actual como la eterna.
Así que está dicho, y en esta ocasión se le habla a tu espíritu. Oye, tú que sabes que eres eterno, que esto no lo es todo y además, tu deseo es por la vida y no por la muerte, dile a tu alma que la paz que necesita y anhela está en Jesús. Comunícale a tu mente que es preciso que decida hoy por la vida y que le acepte a Él, porque Jesús es el único Camino dado a los hombres para tener vida eterna. Si tú no sabes a dónde irás si mueres en este momento, si no sabes dónde pasarás la eternidad ni a dónde vas a ir a parar después de esta vida, decide hoy por Jesús. Porque la vida o la muerte eterna, dependen de las decisiones que tomes hoy, dependen… sólo de ti. Así que decide por la vida, es mucho mejor que la muerte. Y cuanto antes, mejor. Puedes seguir esta sencilla oración a Dios nuestro Señor:
“Señor Jesús, según entiendo que mis decisiones marcan mi destino: este día decido por ti, para vida eterna. Te entrego mi vida, mi corazón y mis pensamientos. Te pido perdón por vivir separado de Ti. Hoy, te recibo en mi corazón y Tú me haces una nueva persona. Creo que moriste por mí, para salvarme de la muerte eterna y confieso que resucitaste para darme vida. La vida eterna que hoy inicio contigo. Gracias, Señor Jesús: mi Salvador y Señor”.
Si tú hiciste esta oración, envía tus datos para estar orando por ti y que la decisión que hoy has tomado, se consolide en una relación y comunión con Dios, hasta que Él vuelva. Porque la buena noticia es: que ahora que te has reconciliado con Dios y has sido hecho un hijo (a) de Dios, también viene por ti. Bendiciones; de parte: de Dios.