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SI CON MI MUERTE... PDF Imprimir E-mail
Escrito por Elsa Beatriz Díaz   
Domingo, 13 de Marzo de 2011 22:01

SI CON MI MUERTE, TERMINARA LA VIOLENCIA…

            ¡Con gusto la ofreciese!

 

 Dramática afirmación; extrema, declaración.  Tal vez.  El hecho, simple y llanamente:  es.  Que nuestros niños y niñas, adolescentes y jóvenes: vivan tranquilos, en paz y bondad.  Cumplan sus sueños, alcancen sus metas y/o tengan un futuro  exitoso: es invaluable. 
Sin embargo, es que apenas, ahora: sabemos.


 

     Por ello -decimos-, bien valdría la pena dar la vida por eso.  Aunque, salta la pregunta: ¿quién soy, yo? O, ¿quiénes son aquellos que a diario mueren sin  que su pérdida sea significativa, para la sociedad en su conjunto?  Entonces, digo que pudiera dar mi vida de manera voluntaria, para que esto terminase.  Pero, hay muchos más que lo hacen cotidianamente sin desearlo, considerarlo y ni siquiera, esperarlo.  Y ¿sabe, qué? Tampoco pasa demasiado: siguen matando a nuestros muchachos.  Aquí, tampoco se habla  de lo que se escuchaba hasta hace poco: “¡Quién sabe, en qué andaban metidos!”.  Por favor. Por, piedad. Un poco de misericordia, no está de más. 

 

Permítaseme, ser un tanto más precisa. Están matando a jóvenes.  Sí. A ¡nuestros jóvenes! Quienes son hijos de alguien: una madre, llora.  Un padre, se duele. Hermanos y hermanas, les fueron arrebatados a niños.   No tendrán más su consejo y apoyo.  Mucho menos, jugarán o se tirarán de la camiseta… nada más: porque, sí. Para eso, son los hermanos: para molestarse entre ellos, y hasta, pelear; mas, por encima de ello: amarse. Va de nuevo, otra vez: ¡ESTÁN MATANDO A NUESTROS JÓVENES! Jóvenes chihuahuenses. Digo, ya por lo menos ¿no? A ver, si por el lado de la coterraneidad nos llega. ¿Quién, continuará lo construido? 

El domingo pasado (06/03/11), me enteré que balearon a una chica muy querida para mí. Resulta que estaba con su novio y cuatro amigos más, afuera de la casa de alguien –en la colonia Revolución- entre las 9:00 y diez de la noche, más o menos.  Al lugar, llegaron dos camionetas y sin mediar palabra, empezaron a disparar.  Sin el más escaso miramiento: a todos, por igual.  La niña en comento: salvó la vida. Y la salvó, porque el novio la cubrió con su cuerpo. Ajá.  Él dio su vida por la de ella. Dio su vida.  Está de más decir, que fue la única sobreviviente. ¿Las edades? De vente a 23 ó veinticuatro, añitos. Luego, a los pocos días: abro el periódico y veo que asesinaron a siete chamacos que se encontraban en una reunión.  A dos más, los ultiman en la glorieta Francisco Villa. Ambas notas, el mismo día.

Aquel chico, nos puso el ejemplo: ante una muerte inevitable, hizo lo que su corazón le dictó: protegió la vida de su novia. Y, lo logró.  Pese a las secuelas de tan lamentable tragedia, estamos seguros de que ella: honrará su sacrificio, con dignidad y entereza. Triunfará. No nos queda duda. Lo hará.  Con ello, el hecho rememora las palabras de Jesús: “Nadie tiene mayor amor que éste: que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13) Amor sacrificial. Entonces, es que decimos que damos la vida; sí, lo repito.  A cambio de que esta ola de violencia: termine, de una vez por todas.  Pero, a pesar de semejante oferta, la pregunta es: ¿quién toma esta palabra?  Aunque, dicho sea de paso, la muerte de quién  ¿lo lograría?  ¿La vida de quién, tendría tan alto valor? Pienso, que la de nadie: se llama irrespeto, minusvalía e irreverencia.  Ni la vida de Marisela Escobedo, sirvió para algo.  Aun cuando, sólo muerta: pudo gritar. Las cosas, siguen igual

Siegan la  vida de cualquiera; sin razón, aparente. Cuasi culpables e inocentes. Niños y jóvenes, hombres, mujeres y ancianos. Ni siquiera en fuego cruzado. Van y los matan.  Cercenan albores. Terminan, destinos.  Sueños, anhelos e ilusiones, es lo de menos. Una, dos; siete vidas: no son nada. Nada. Y siguen.  Todos los días y en cualquier parte: barrios, calles; avenidas.  Ni la hora ni el lugar, interesan. Asesinan, liquidan y arrasan.  La maldad los asiste. Es más, vuelven y rematan. Por si acaso el señalado, osara defenderse o resguardar a los suyos y/o sus bienes.  Ya lo advirtió Jesucristo, al hablar del enemigo de nuestras almas: “El ladrón no vino sino para hurtar, matar y destruir…” (Juan 10:10A).

 Pero, la buena noticia, está en la segunda parte del mismo verso: “…yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10B)  Luego, tal parece que no hacen falta más muertes.  Hubo una sola y única muerte, lo suficientemente válida, lo altamente grata y más que estimada: por todos nosotros.  La muerte de Jesús y su resurrección, nos garantizan la vida. ¿Aquí o en dónde? Hay quiénes dicen que en la vida eterna o sea, cuando mueras. La verdad, es que en ambas.  La vida presente y también, la futura.  La vida en abundancia que Jesús vino a traernos, empieza desde el momento en que recibes a Jesús en tu corazón: lo aceptas como tu Salvador personal y crees que Él resucitó de entre los muertos.  Y eso, amigo y amiga que lees, se hace aquí en esta Tierra: “En vida, hermano.  En vida”, como dijera Ana María Rabatté.  Es aquí y es ahora.  Mañana, no sabemos qué ha de suceder. Hoy es el día de salvación, dice la Biblia. Ahí donde te encuentras, eleva una plegaria al Señor Dios, en el Nombre que es sobre todo nombre: Jesús.  Jesús.  Jesús.  Abre la puerta de tu corazón y entrega tu vida a Él. El Salmo 91: 9-11, promete: “Por cuanto has puesto al Señor, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación (tu hogar) no te sobrevendrá mal ni plaga tocará tu morada, pues a sus ángeles enviará cerca de ti para que te guarden en todos tus caminos” ¿Honrarás, también el Sacrificio que Jesucristo, el Señor, hizo en la Cruz del Calvario por ti? Para que tengas vida y vida en abundancia.  Para que seas salvo.  Seas sano y Él te haga libre.  La obra completa: salvación, sanidad y libertad.  Si tú quieres recibir a Jesús e invitarlo a morar en tu vida y la vida de tu familia, escríbenos: pulsa en el link o casilla: Enviar Peticiones de Oración.  Deseamos guiarte en oración, para que recibas las bendiciones que Él trajo para ti.  Porque Jesús ya venció, Él ya triunfó.  Él ya ha sido glorificado, a Él se le entregaron las naciones por Herencia y la muerte perdió su poder.  No más muerte.  Hay vida en Jesús.  Hay vida, en Jesús.

 

Domingo, 13 de Marzo 2011.

 

 

 

 

 

           

 

           

 

 
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Cuando ores
Cuando ores, ordena vida al miembro, órgano o función por la cual oras. Primero le preguntas a la persona qué le pasa y oras que el dolor, la enfermedad o la queja salga en el Nombre de Jesús . Porque en el cielo no hay dolor ni enfermedad alguna: yo hago lo que veo al Padre hacer y le digo a ese oído que se alinee a su función natural para la cual fue creado, en el Nombre de Jesús.”
Dennis Flom
Misión "Sobrenatural" Chihuahua, 2009
Bethel Church. Redding, Calif. EUA.
 

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