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Con S de Inteligencia PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Lunes, 29 de Diciembre de 2008 22:48
      
          Inteligencia se escribe con “S”. Y no se habla como Gabriel García Márquez quien dijo que debido a que en el idioma Español la letra “hache” es muda, pues no teníamos porqué escribirla. Es otra cosa. Porque lo cierto es que todos queremos ser o al menos, parecer inteligentes. Algunos hasta se interesan por conocer su coeficiente intelectual y quedan satisfechos con una puntuación de 100 o superior a ésta; sin embargo, hoy por hoy sabemos que la inteligencia no sólo responde al I. Q. –por sus siglas en inglés- ahora sabemos que los seres humanos poseemos por lo menos, ocho inteligencias distintas. Así que esto es por demás liberador para quienes sufrimos con las matemáticas, nos las vemos color de hormiga con álgebra y en cálculo diferencial, simplemente: no damos una. Y viceversa, porque conozco quienes son unos genios en problemas de lógica pura y no son capaces de recordar un texto, un párrafo o una línea completa.

Adaptado de "El poder del servicio". Pastor Cash Luna. www.cashluna.org
 
 Cada quien destacamos en varias inteligencias, es decir, que si bien no seremos fácilmente capaces de sacar la raíz cuadrada de cualquier cantidad -y conste que se dijo: fácilmente, puesto que si nos aplicamos a ello: lo haremos- pero, sí  nos resulta sencillo por ejemplo, recitar de corrido un poema de 50 versos o en su caso, relacionar hechos y situaciones pasadas con las circunstancias actuales.   En síntesis, todos de alguna u otra manera somos inteligentes en unas áreas, más que en otras.
 
Así que niños, jóvenes y adultos; señoras y señores, la idea de que las calificaciones escolares determinan el grado de inteligencia que se posee, ha pasado a la historia. Y, por favor, ya deje de presionar a sus hijos para que saquen 100, en todas las materias.  Acepte las calificaciones de su joven de secundaria y advierta que en algunas materias obtiene buenas notas y en otras, pues nada más pasa de “panzazo”, como decimos por ahí. Y aquí tenemos que resultaría por demás adecuado si los padres de familia descubrimos a temprana edad las habilidades que nuestros hijos tienen, para que y sin descuidar las demás áreas, impulsemos y apoyemos sus múltiples talentos. ¿Quién puede saber? Tal vez el próximo Albert Einstein, Benjamín Franklin o Juan Sebastián Bach, tenga hoy seis, ocho o diez años de edad y sólo espere una oportunidad para emerger.
 
          Sin embargo, existe un área en la que todos y cada uno de nosotros podemos ser: más que inteligentes. Y se habla más allá de la inteligencia emocional, la inteligencia social o la artística. Es inteligencia con “s”. Con “s” de Servicio. Porque la expresión más poderosa de la inteligencia es el Servicio. Y si quieren pruebas o alguna manera de constatarlo, ahí tienen a Jesús quien lo hizo, lo dijo y lo dejó por escrito, que Él estaba aquí para servir y no para ser servido.   Así que, si Jesús el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, el Príncipe de Paz: dijo que vino a servir, entonces y por consecuencia, se tiene que el Servicio es la expresión más alta y poderosa de una persona inteligente. De hecho, de una Persona superinteligente: Jesús, el mismo Dios del Cielo.   El ser y la Persona más inteligente que existe. ¿Qué tal? Así, pues, se tiene que aquel que sirve es muy inteligente. Vaya usted y sirva a los demás, porque esto es inteligente y además, use todo el ingenio en ello.
 
          Pero pareciera que tenemos un mal concepto del servicio; nos decimos y hasta alegamos que la Biblia establece que tenemos que servir para llegar a ser grandes y esto es, sencillamente, desastroso. Porque no se trata de servir para ser grande, lo que el texto dice es que el que quiera hacerse grande, de sirviente no pasa. Es decir, que el servicio no es para alcanzar u obtener algo, no es válido ni posible servir para tener reconocimiento, para promover tu imagen o para cumplir una agenda oculta. Se trata de servir sólo por servir. Así que aquí está un principio excelente: el que quiera ser el primero, ha de ser el siervo de todos. Es decir, que servimos a otros, porque somos útiles y hacemos bien a la gente. No nos promovemos por esto.
 
          Se dijo que inteligencia se escribe con s de servicio, pero también con s de sencillez.   Y es sencillez, no simpleza. El simple hace las cosas todas chorreadas, al ahí se va. Es sencillez de corazón. Servir con sencillez, con humildad y alegría. Porque luego hay que ver, que quienes están para servir, pareciera que lo hacen más por obligación, así como que le hacen un favor a quien va a recibir algún servicio. Y dado que de este lado no valoramos lo suficiente lo que significa ser servidos y mucho menos al que sirve, adoptamos una actitud de que ahora me sirves porque para eso estás.  Siendo que todos –sin excepción- si somos lo suficientemente inteligentes, estamos aquí para servir a los demás. Así es, servir es la expresión más poderosa de la inteligencia y hacerlo con sencillez, lo es más todavía.  
 
Un proverbio hebreo afirma que la insensatez del hombre desvía su camino y su corazón se enoja contra Dios. El Diccionario Expositivo Vine, define sensatez, como tener entendimiento, denota sabiduría práctica en la conducción de asuntos y no me lo va a creer, pero igual puede usted consultarlo también, la sensatez se traduce como cordura y como inteligencia ¿qué le parece? Inteligencia, de lo que venimos hablando aquí.  La sensatez como adjetivo es contraria a la arrogancia y como verbo significa pensar con cordura, estar en juicio cabal, esto es, ser templados ejerciendo dominio propio. Por lo cual, vemos que la improvisación es sinónimo de insensatez. En cambio, la sensatez nos lleva a aprovechar bien la oportunidad que se nos brinda, es volver grande lo que parece pequeño. Hacer todas las cosas con excelencia, esto es ser sensato.
 
Por lo tanto, concluimos que inteligencia se escribe con s de servicio, sencillez y sensatez. Así que ¿qué le parece? ¿Podemos de ahora en adelante ser más que inteligentes y servirnos los unos a los otros? Y conste ahora, que la propuesta no es servirnos los unos de los otros, porque aquí las preposiciones son importantes, no es de sino a. La propuesta es: servirnos unos a otros y no de alguna manera: servirnos los unos de los otros. Porque en este caso estaríamos cayendo otra vez en la insensatez: concepto para nada inteligente.
 
Dicho lo cual, aquí está la invitación. Seamos más que inteligentes, porque si servir es la expresión, manifestación o muestra más alta de la Inteligencia ¿qué esperamos para serlo? Por lo menos en ello, todos sin excepción tenemos el potencial de ser inteligentes en este aspecto: servir con sencillez y sensatez. ¿Valoraremos ahora el servicio que recibimos, a la persona que nos atiende o el servicio que otorgamos? Las personas verdaderamente inteligentes, sirven a sus semejantes. Ya lo hemos comentado. Si usted, lo permite, la pregunta que cabe es: ¿somos personas inteligentes, lo suficientemente inteligentes? ¿Sí? Entonces, imitemos a Jesús: sirvamos a los demás con alegría y excelencia.  Seamos, por demás: inteligentes. Es Sabiduría de lo Alto.
 
 
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Sabias que...

No eres un esclavo, eres hijo.

“No puedes tratar a Dios como si fueras esclavo: eres hijo.  Yo tengo un hijo, y él necesitó dinero para un  automóvil.  Mi hijo no vino a mí, arrastrándose y diciendo: padre, majestuoso , bondadoso como eres tú ¿Será posible, si se diera el caso que pudiéras ayudarme, mira es que necesito...

No.  Mi hijo vino y me dijo: ¿papá, te acuerdas que me aseguraste que me ayudarías, cuando lo necesitara? Pues, necesito dinero para comprar un carro.  Vino a mí como mi hijo que es. 

A nosotros, como que se nos olvida que somos hijos, también.  Somos hijos muy amados y muy amadas,  de Dios.  Somos sus hijos. Y Él es nuestro Padre, nuestro Papá celestial, creador del cielo y de la tierra”
Dennis Flom
"Misión Sobrenatural"  Chihuahua, 2009.
Bethel Church. Redding, Calif
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