Dios es intemporal: Él, siempre obra a favor de sus hijos, En Octubre de 1996, Erika Beckman, sufría intensos dolores en manos, brazos y rodillas: dolor en las articulaciones. Los médicos no sabían qué le sucedía. Ella vivía entonces, en la ciudad de Cuernavaca, Morelos. Le hicieron múltiples exámenes, análisis y estudios médicos, pero sin resultado alguno. Los doctores, cinco de ellos, sólo se paseaban perplejos ante su cama de enferma. La enviaron a casa con toneladas de medicamentos: para el dolor, para la migraña, para el cansancio, para… Sin embargo, el 9 de Abril de 1997, Erika cayó en crisis y fue a dar al Hospital. Despertó, completamente ciega.
Un reumatólogo, al fin dio con el diagnóstico: Lupus Eritematoso sistémico, una enfermedad crónica progresiva y mortal. Es decir: sin ninguna cura conocida. Esta enfermedad se caracteriza por ser una respuesta inmunitaria hiperactiva que ataca a las células y tejidos que, a excepción de esto, son sanos. Lo cual lleva a una inflamación crónica (prolongada). Puede ser leve o lo suficientemente severa como para llevar a la muerte prematura. Ella, padecía la severa. Erika y su esposo Ricardo, son cristianos desde antes de casarse. Pero, al escuchar el diagnóstico del especialista, Ricardo: casi, se desmaya. Erika, en cambio: simplemente, no lo aceptó (su vecina había muerto de esa enfermedad y dejado siete huérfanos; y ellos (Erika y Ricardo) tenían tres hijos pequeños; por eso, dice ella, que no lo aceptó, y así se lo hizo saber al galeno, quien sólo la tildó de loca.
Desde Diciembre anterior, Ricardo había iniciado lo que sería su rutina de vida: levantarse a las 4:00 de la mañana para orar e interceder. En tanto, Erika permanecía o salía del hospital. Sin embargo, a partir de Abril, la vida de Erika cambió por completo. Lo único que la sostuvo, comenta, fue el pasaje de Pedro al caminar sobre las aguas con la vista puesta en Jesús, al quitarla de ahí: empezó a hundirse. Se propuso mantener su vista puesta en Jesús. Fue lo único que la fortaleció. A su vez, y ya desesperado: Ricardo entró en un ayuno completo de tres días: no probó alimento ni bebió agua o líquidos. Por la salud de su esposa.
Un mes habría de pasar, para que Erika empezara a recobrar un poco la vista: porque todavía miraba borroso y temía caerse, porque cada golpe, cada contacto: le acusaba un intenso dolor. Otro mes más, y Erika se ponía mejor: ya casi realizaba su vida normal.
Seis meses después del suceso, en Octubre de 1997, el médico que la diagnóstico, aceptó que no supo ni qué sucedió. Él, la creía muerta para entonces. Sin embargo, Erika vive y da testimonio. Está completamente sana y ahora radica en la ciudad de Chihuahua, Chih., Méx. Sus hijos mayores estudian en la Universidad, el menor está en bachilleres. La familia Montaño da la Honra, la Gloria y Poder a Jesucristo el Señor. Y, viven para Él.