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Escrito por Juan Alberto Zubia
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Jueves, 18 de Diciembre de 2008 21:14 |
Juan Alberto intentó suicidarse cuatro veces en un año, a los 20 de edad: dos veces por estrangulamiento, otra con pastillas y alcohol, y la última por sobredosis. Casi muere esa vez, pero logró sobrevivir. Para entonces, ya estaba casado y esperaba su primera hija, pero volvió a las andadas, para él era prácticamente imposible alejarse de la cocaína: era –dice él- su único amor: vivía, pensaba y se movía por ella. La droga era lo único que llenaba por ratos los enormes vacíos que sentía en su ser.
Juan Alberto Zubía, tiene 27 años de edad. Resultado de la desintegración familiar, buscó en la calle aquello que no tenía en casa: aceptación y amistad. A los 14 años de edad entró en contacto con el alcohol. Siguió con marihuana y dos años después conoció la cocaína; y ella, se quedó con él. Para mal. Porque, su adicción siguió encadenándole cada vez más, al punto que Juan Alberto intentó suicidarse cuatro veces en un año, a los 20 de edad: dos veces por estrangulamiento, otra con pastillas y alcohol, y la última por sobredosis. Casi muere esa vez, pero logró sobrevivir. Para entonces, ya estaba casado y esperaba su primera hija, pero volvió a las andadas, para él era prácticamente imposible alejarse de la cocaína: era –dice él- su único amor: vivía, pensaba y se movía por ella. La droga era lo único que llenaba por ratos los enormes vacíos que sentía en su ser.
Un año después de sus intentos de suicidio, alguien le presentó la Palabra de Dios y le dijo que Jesucristo era capaz de llenar sus vacíos, que entregar su maltrecha vida a Jesús, era lo mejor que podía hacer y además, tenía todas las de ganar. Juan Alberto lo hizo y no necesitó más de la droga. Atravesó un proceso de dos meses, luchando contra el deseo incontenible de drogarse, pero Jesús lo fortalecía cada vez que se presentaba el deseo.
Hoy, seis años después,(2008) Alberto tiene un trabajo estable y seguro, es padre de dos niñas, cuenta con un matrimonio adaptado y feliz. Además, él quiere ayudar a otros que están en la situación donde él estuvo, por eso se prepara en el Instituto Bíblico “Rafael Olmeda” de la ciudad de Chihuahua; predica, evangeliza y sirve a Dios, junto a su esposa, con todo su corazón. Nunca más, volvió a sentir la necesidad de drogarse. Jesucristo, suplió todas sus faltas. Jesucristo, el Señór: llenó todos sus vacíos. |
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