Después de tres días con fiebre de 39 a 40o C, Carlos Iván Vargas Guerrero fue internado de emergencia. El diagnóstico: neumonía. Los Pastores de su Iglesia, oraron por él y a partir de ese momento, la fiebre desapareció.
El jueves 9 de diciembre 2009, Carlos Iván Vargas Guerrero -estudiante de preparatoria- fue internado de emergencia, después de sobrellevar tres días con fiebre de 39 a cuarenta grados Centígrados, en su hogar. Se le realizaron los estudios y análisis médicos correspondientes; para la tarde del mismo día, el diagnóstico fue de neumonía. Esa noche, los Pastores de la Iglesia a la que asiste toda la familia llegaron al hospital, impusieron manos y juntos elevaron una oración a Dios nuestro Señor por su salud, quien sólo sudaba profusamente.
El especialista le aseguró a su mamá, Genoveva Vargas, que si bien el diagnóstico era delicado: la neumonía apenas iniciaba, por lo que su tratamiento resultaría rápido y sencillo; aunque, en ese momento –expresó- lo que más le preocupaba era el registro tan elevado de fiebre, por las implicaciones generales que conlleva para un jovencito de su edad: con esterilidad, entre otras. De modo que sumado al tratamiento prescrito, Carlos debía quedarse internado hasta que su temperatura corporal volviera a la normalidad.
Al día siguiente, ya más tranquila su mamá se fue a trabajar. Pero, a media mañana recibió una llamada al teléfono celular, urgiendo su presencia en el hospital. Nuevas pruebas y estudios clínicos, parecían indicar que Carlos Iván padecía de otra enfermedad, mayormente peligrosa. En tanto, el paciente permanecía despierto y sin rastro de fiebre, hasta con ganas de irse a su casa. El médico en turno le dijo a Geno que sospechaban de tuberculosis, por lo que debían esperar al epidemiólogo para realizar el protocolo sanitario estipulado por la Ley General de Salud. Para entonces, habían trasladado a Carlos a un cuarto especial para evitar contagios.
Ante tales acontecimientos, la fe de su madre fue puesta a prueba una vez más. Ella dice que lloró delante de Dios, pero en lugar de desesperarse: decidió confiar en Él. E hizo lo que aprendió en su Iglesia, se aferró a las Promesas de Dios. Hasta ahí, Dios había sido fiel. Él ya había estado con ella en otro tipo de circunstancias y la había sostenido, también. Por lo tanto –se dijo- Él, lo volvería a hacer. Fortalecida en su fe, habló con el epidemiólogo y el protocolo sanitario comenzó. Cuatro días después, sin registro de temperatura corporal elevada o fiebre, el diagnóstico de Carlos fue: nada de tuberculosis y sólo había tenido neumonía, un poco más avanzada de lo que se consideró en un principio. Pero, nada más. Una mancha pulmonar en otra radiografía distinta, provocó la confusión. Pero, nada más. Porque Dios es fiel y siempre e invariablemente, cumple lo que promete. Dios cumple sus Promesas. A Él sea la gloria. A Él sea la honra y todo el poder. En Cristo Jesús. (Juan 14:13). |